

Cerca de las 3:00 p.m., los restos del cantante Arturo ‘Zambo’ Cavero fueron enterrados a ritmo de guitarra y cajón en el cementerio Jardines de la Paz de La Molina y en medio de un hondo pesar de sus familiares, amigos cercanos y admiradores que recordaron la calidad personal y artística del popular intérprete.
El ataúd con los restos de quien vida fue el intérprete de los conocidos temas “Contigo Perú” y Olga, llegaron al sepulcro sobre los hombros de los miembros de la cuadrilla N°1 de la Hermandad del Señor de los Milagros, a la que el cantante criollo también perteneció..
Horas antes, el féretro había abandonado las instalaciones del Museo de la Nación, donde fueron velados sus restos desde el jueves. El ataúd fue levado al templo de Las Nazarenas donde se celebró una misa en su honor y posteriormente trasladado en un carruaje colonial a la Municipalidad de Lima, a Palacio de Gobierno y al Congreso de la República, donde se le rindieron sendos homenajes.
El presidente Alan García lo condecoró póstumamente con la Orden del Sol del Perú en el Grado de Gran Cruz, la máxima condecoración que el Gobierno otorga a las más destacadas personalidades del país y del exterior.
Durante el entierro, un conjunto criollo interpretó las canciones más conocidas del popular ‘Zambo’ Cavero que fue coreada por sus admiradores.
Vídeos:
Descansa en Paz...
Zambo Cavero
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Blanca Varela

La poeta peruana Blanca Varela falleció a los 82 años de edad. Blanca Leonor Varela Gonzáles es considerada como una de las poetas más universales de nuestro país, calificativo que es avalado por recientes premios recibidos por su obra.
Entre las condecoraciones más importantes obtenidos por la poeta están el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en el año 2001; el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2006), convirtiéndose en la primera mujer en obtenerlo; y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2007).
Sobre su obra, la vate develó su perfeccionismo en una entrevista dada a El Comercio en el 2002:
“Yo no tengo un espíritu crítico, pero sí autocrítico, es decir, corrijo mucho. Siempre hago una poda exhaustiva; recorto lo superfluo, lo que no sirve para expresarme. Pero eso es diferente a que yo tenga algo que decir sobre mi poesía; solamente escribo y no puedo hacer crítica sobre lo que hago. Eso se le dejo a los lectores y a los estudiosos. Pienso que cada persona tiene un gusto, una medida: hay poetas que hacen crítica, otros que no, así como hay autores que me gustan, otros que no; hay quienes hacen una obra de tal o cual forma. Yo sólo trato que mi poesía sea poco convencional.”, dijo en ese entonces.
A continuación, los libros que publicó a lo largo de su vida:
Ese puerto existe.
Luz de día.
Valses y otras falsas confesiones.
Ejercicios materiales.
El libro de barro.
Concierto animal.
Canto Villano.
Poesía escogida.
Como Dios en la nada (antología de 1949 a 1988).
Donde todo termina abre las alas.
El falso teclado.
Sarita la bonita.
La locura en tres días.
Carlita.
La Muerte Se Escribe Sola
la muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran
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De Vivamérica a ¡Viva Fito!
De Vivamérica a ¡Viva Fito y viva Coti! fue sábado y les conocí. Eran las 8:00 de la tarde, justo en el Anfiteatro Gabriela Mistral y después de una tarde de patearme Madrid, su centro, sus calles y callesitas, y de tirar fotos por aquí y por allá, de preguntar por un libro que ando buscando como loco, de ver lo hermoso que estaba Madrid, terminé desterrado en ese anfiteatro antes mencionado, en principio, queriendo conocer a mi admirado Guillermo Arriaga, ese mexicano tan mundialmente conocido por firmar pelis bajo la dirección del gran Iñárritu, para luego conmoverme al ver cerca a Coti, al que escucho siempre en mi mp3 y al Enorme Fito Páez, discos a los que recurro siempre. Y más cuando los dos, después de sus respectivos discursos, nos deleitaron con sendas canciones, uno, acompañado con su guitarra (Coti) y el otro, improvisando a capella una tremenda canción que escuché en la voz de la malograda Mercedes Sosa, "La Negra".
Tiré muchas fotos a ambos. Los tuve cerca, les hablé "ché, mirá aquí", algo, pero les hablé. Al final, me saqué una foto con Coti, lástima que me faltó con Fito, ¡mierda, estuve cerca! Pero bueno, la pasé bien, eso es lo que cuenta. Porque también conocí y gracias a ellos (Migue me sacó la foto)a una pareja de chilenos simpatiquísimos. Hablamos de casi todo,salimos y nos tomamos unas cañas, y al final terminamos en un bar viendo el partido entre Colombia - Chile allí, junto a una docena de chilenos más. Fue una tarde - noche muy buena, completa diría yo. Bueno, eso era todo lo que les tengo que decir. Un abrazo.
Aquí les dejo lo que acabo de subir de Coti:
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Los FRIKIS también mojan...
El domingo 27 estuve en un evento grandioso, bueno, para mí lo era, "EL JAPAN WEEKEND MADRID" allí nos presentaban el mundo Ánime, concursos varios, comida y grandes premios, uno de ellos, un viaje hasta Japón, claro ganando una dura competición de Cosplay (etimológicamente del inglés costume play, interpretacion de disfraces, practicado principalmente por jóvenes, consiste en disfrazarse de algún personaje (real o inspirado) de un manga, anime, película, libro, comic, videojuego o incluso cantantes y grupos musicales e intentar interpretarlo en la medida de lo posible. Aquellos que siguen esta práctica son conocidos como cosplayers, siendo para ellos una de sus principales aficiones.)
Aquí algunos vídeos:
Aquí lo que se hace en Japón:
En ABC diario:
El manga, el anime y los disfraces 'cosplay', que recrean los trajes de los personajes más representativos de la cultura de ficción nipona, tomarán la capital los días 26 y 27 de septiembre dentro del Japan Weekend Madrid, que se celebrará en el Pabellón de Convenciones del recinto ferial de la Casa de Campo.
De este modo, la capital tomará el relevo a Barcelona, ciudad donde hasta el momento se organizaba este fin de semana dedicado a la cultura japonesa. Todos aquellos interesados en lo que se cuece en el Lejano Oriente podrán ponerse al día con las últimas novedades en el manga, el anime, los videojuegos y el cine, acompañado por un amplio abanico de concursos, talleres, exposiciones y conciertos.
Escenario perfecto para disfrazarse La nota de color la podrán los propios asistentes, que podrán acudir al evento "cosplayeados", esto es, disfrazados imitando a sus personajes favoritos. Pueden ganar un viaje a Japón y otro a Brasil, donde se celebrará un concurso de cosplay a nivel mundial.
Se abre una puerta para el ocio electrónico y el cómic. Los locos por los videojuegos dispondrán de máquinas recreativas y consolas. También contarán con espacios culturales dedicados a los viajes a Japón, las luchas japonesas y el estilo de vestir, todo ello acompañado de talleres en los que se enseñará cómo crear un manga, talleres de píxel art y muchas actividades más.
Las compras serán también un factor a no olvidar ya que harán parada en este fin de semana una selección de tiendas que cubrirán los gustos de todo tipo de asistentes. Asimismo, el Japan Weekend Madrid apoyará a los jóvenes creadores con una zona no comercial en la que se apoyará a nuevos artistas relacionados con la cultura
japonesa, ya sea en la ilustración, en los cómics o en otro tipo de arte.
Este evento nació en Barcelona con el propósito de emular la realidad cotidiana japonesa. Viajar hasta Japón puede resultar inalcanzable para muchos bolsillos, pero ahora el manga y el anime se acercan a Madrid con la intención de acercar la cultura japonesa a nuestro país, una cita ineludible para los cada vez más numerosos seguidores y aficionados al cómic y al anime del país nipon.Japan Weekend, es una muy buena imitación de lo que ocurre en el país del Lejano Oriente.
Cuento

Uscita
Aquella tarde decidí salir del letargo del día llamándola por teléfono. Me la imaginé contestando el teléfono, quizá acudiendo a él con paso marcial. Cogiendo el móvil, sacarle de su funda, ver mi nombre reflejado en esa pantalla táctil, y pensar por unos segundos, si cogerlo o no. Y al final lo hizo, no sé cómo, pero lo hizo. Su voz sonó agitada, como si hubiese escuchado el timbrazo desde lejos, quizá desde su patio trasero, allí, en aquella banca gris junto a su rosedal, donde nos besamos. Logró tomar aire, calmarse y decirme a la vez "pronto", tomar aire de nuevo y repetirme el "pronto", entonces decidí hablarle en español, quizá el idioma que menos se me daba, pero rápido me reconoció, soy yo, le dije. Los segundos se estiraron tanto que por un momento creí que se había ido, quizá había regresado a su patio donde tomaba el fresco de esa tarde tan caliente y húmeda de Roma. Siempre es así de caliente y húmeda Roma, me preguntó un día. Hola Paolo, me contestó más calmada. Qué estabas haciendo, te interrumpo, le dije nervioso. Nada nuevo, me dijo, allí sentada fuera en el patio. Ya sabes la sombra que nos da por la tarde. Aquí se está bien. Sí, le respondo, aún lo recuerdo. Y, por qué llamas, me pregunta tajante. Entonces soy yo que dejo estirar los segundos y al final antes de que estos se desvanezcan, le respondo que sólo quería saber cómo estabas. No mientas, me dice. Ahora me respira por el teléfono como lo hacía antes cada vez que se enfadaba. Sí, te miento, sólo quería invitarte a caminar como en los viejos tiempos. Ya, pero ahora no puedo, me dice. Una gran mala idea, pienso para mis adentros. Ahora mismo no, pero dentro de una hora sí, dice. Entonces me la imagino sonreír, pasarse el teléfono de una oreja a otra, sentarse en su hamaca y lentamente balancearse para sentir el fresco en sus pies. Aún te gusta andar descalza en casa, le pregunto. Sí, me responde. Pero, salimos o no, me pregunta. Sí, claro, dentro de una hora en el mismo sitio, le digo.
Me duché corriendo, dentro me iba imaginando qué ropa ponerme. Cuando salí busqué el polo y el pantalón. Me vestí. Me coloqué ese perfume nuevo que compré y que esperaba que también le gustase a ella. Y ella haría lo mismo, se ducharía corriendo, pensaría qué ponerse, si ponerse esa blusa nueva que seguramente compró hace unos días o si vestirse tan sport y cómoda para que no delatase su ímpetu de verme de nuevo. Se pondría esas sandalias marrones de tiras delgadas que abrazan y cruzan como serpientes su hermoso pie. O quizá se iría en zapatillas, polo, vaquero y nada más.
En el camino recordé. El tren, Termini, Piazza España, y allí, en algún escalón donde la besé, la cogí de la mano, le dije que la quería y donde pensé en hacer el amor por última vez. Hablamos largo y tendido, recuerdo que me preguntó qué hice en mis vacaciones, qué conocí, a dónde viajé, a quién conocí. Entonces le conté que todo, que había estado en Madrid, entrado en el Bernabéu, visto una corrida de toros en las Ventas, conocido y fotografiado el Retiro, deslumbrado por el Museo del Prado, visitado Toledo, Aranjuez, Cuenca, y varios sitios más, salir por las noches de fiesta, tomarme unas cañas y saborear unas tapas. España es hermosa, Madrid es hermoso, su clima es muy diferente al de Roma, es seco y caluroso. El agua riquísima, las mujeres preciosas, todo limpio. También le conté cómo estaba tío Pedro y tía Inés y cómo me encontré a los primos, tan independientes y correctos. Y entonces te recuerdo allí mirándome y esperando que le dijera lo que ya habíamos acordado antes por teléfono. Y le cuento, cuál era su nombre, cómo la conocí, cómo nos llevábamos. Y me arrepiento, me arrepiento haberle contado. Me siento un traidor. Una mierda. Entonces pienso que aún la quiero. Que no la quiero dejar. Ella sonríe y me dice, has hecho bien. Date una oportunidad. Inténtalo. Y lloro. En ese momento, no sabía y ella o yo estábamos terminando lo nuestro. Dejo de hablar porque no puedo más. Ella con sus ojitos secos y yo, con la mirada nublada y con un estertor de muerte. Te quiero, me repito en la mente. Te quiero.
Julio Rodríguez 2009
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Cuento

La Nani
“No apagues la luz”, le decía a mamá cada vez que llegaba la noche y con ella la hora de dormir. Sí... me daba miedo que esa cosa negra co¬mo una mancha, se metiera en mi habitación a robarse toda la luz. Mamá decía que siempre le había tenido miedo a la noche, que desde chiquito lloraba cada vez que me dejaban solo en medio de la nada, de la oscuridad. Yo no recuerdo eso, pero mamá sí.
Mamá decía también, que a veces me encontraba gateando totalmente pálido de miedo y sin poder llorar y que desde entonces dejaría la luz de mi habitación prendida, porque tenía miedo, según decía, que me vaya a encontrar algún día, muerto del susto; y vaya que me salvó la vida.
Pero cuando la Nani llegó, dejaría de tenerle miedo. Ella me enseñaría que la oscuridad es parte del día y que solamente es, cuando el sol se va a dormir y que no había motivos para asustarnos por ella; pues yo no creía eso; yo creía más bien, que la noche eran unos animalitos negros que vomitaba el mar sobre nuestras casas y que lograban ser tantos que llegaban a ocultar a ese foco enorme que colgaba del cielo. A veces creía que si alguno de esos animalitos lograba picarme, me infectaría de inmediato y sería, inevitablemente, parte de ellos, como ellos, es decir, oscuro, noche, sombra, nada... Por eso andaba ocultándome de ella, cubriéndome de pies a cabeza con mi sábana blan¬ca, cada vez que mamá se enojaba y apagaba la luz y dejaba entrar a la oscuridad en la casa; así amanecía cubierto, con los brazos casi muertos y sin poder moverlos unos días y otros, llenos de hormiguitas que me caminaban dentro del pellejo. Había días en que tomaba "prestada" esa linterna azul del finado abuelo para alumbrarme por la noche y para tratar de demostrar que ya no le tenía miedo a la oscuridad, yo mismo le decía a mamá que apagara la luz cada vez que entraba a despedirse de mí e iba a trabajar; por que mamá trabajaba con la noche, dice que salvaba la vida a la gente. Pero como dije, cuando la Nani llegó a la casa, todo, desde entonces, cambiaría.
Ella había llegado de muy lejos, de un pueblito de la selva, una tarde cuando me encontraba haciendo, como siempre, mis tareas solo. Ella vino para reemplazar a la señora Fabiana (una vieja con muchas arrugas en la cara y un pequeño bigote sobre la boca; ella no me tra¬taba como lo hacía la Nani). La Nani me contaba muchas historias, me leía cuentos por las noches y me hacía cosquillitas en todo el cuerpo cuando no tenía sueño. Me engreía mucho. Por eso la extraño. Sus manitas eran como arañitas que me caminaban por todo el cuerpo y yo me revolcaba de risa y la Nani se reía también conmigo.
La Nani tenía unos ojos chinitos, por eso mamá le llamaba la China "China por aquí", "China por acá", "China poracullá. Siempre me quería tener limpiecito. Me bañaba todas las noches antes de acostarme. Una noche, ella cogería la buena costumbre de bañarse conmigo. Al principio sentía vergüenza y ella explicaría que no había por qué sentirla, que todos éramos hijos de Dios. Y era cierto. Nos la pasábamos harto rato metidos en la tina de mamá, hasta que el pellejo se nos arrugaba tanto como el de los elefantes.
Una vez, algo me pasó en la tina que no supe qué fue. Era una "cosita" que me brotaba, sin querer del cuerpo; de eso la Nani se percató y co¬menzó a burlarse; asustado me cubrí y comencé a llorar; ella me abrazó fuerte y me sacó las manos donde las tenía: "Eso es normal en un varoncito como tú” me dijo; yo no supe en ese momento si me estaba consolando o me estaba ofendiendo cuando me dijo aquello de varoncito.
***
Una noche (cuando estaba ya acostumbrado a la oscuridad) me desperté en medio de una lluvia luminosa, de miedo. Bajé de mi cama, salí de mi habitación y me dirigí a la de la Nani. Cuando levanté el cubrecama, la Nani estaba como cuando se bañaba conmigo. Sí, se bañaba, porque ahora ya no lo hacía, dijo que mamá le había prohibido bañarme, que yo ya estaba grandecito para hacerlo sólo; y dejó de hacerlo. Cómo extraño eso, tanto. Entonces la Nani abrió los ojos y me vio parado allí, con el cubrecama en las manos. Se hizo a un lado, levantó todo el cubrecama y me acosté junto con ella. Aquella noche volvería a hacerme las cosquillas de antes, las que me hacían revolcar de risa; ella a cambio, me enseñaría también a hacerle algunas cosquillas que le provocaban abrir los ojos cuando reía muy raro.
***
La otra noche, mamá llegó en brazos de otro hombre; éste era joven, mucho más joven que los otros, de ojos claros y pasos tristes; con éste ya eran diez u once, según la Nani. Seguramente mamá llegaría cansada de tanto salvarles la vida, por eso la traían a rastras; eso era, sino, por qué se encerraba con ellos en su habitación y no salía hasta dar las cinco de la mañana para dirigirse al baño llevando una bandejita, esa celeste, la que mamá no permitía tocar, de seguro para descansar.
Tal vez los pobres hombres estarían de veras mal, muy mal, graves quizá; por eso los traía a la casa, en la casa se curarían sí, eso es; ahora recuerdo que mamá decía siempre que en la casa uno se sana más rápido. Mamá era una gran salva hombres. Esa era mamá. La Nani no ¬creía eso, sólo movía la cabeza cuando le contaba que a veces me topaba con uno de esos enfermos metido en el baño, muy temprano, lavándose el rostro, sonriente de estar ahora sano.
***
Entonces corría detrás de ella y le tocaba el culo. La Nani volteaba sorprendida, me abrazaba y me llenaba de besos todo el rostro, co¬mo en las novelas, decía. Pero también decía, que lo hacía muy mal, que debía de aprender, que era necesario sorprender y no ser sorprendido y que me serviría para toda la vida; por eso, la Nani se conver¬tiría desde ese momento en mi maestra particular de "besos”. Los primeros besos me resultaron asquerosos, pegajosos y muy mojados; envol¬vía mi boca con la suya y me hacía tragar mucha saliva, yo trataba de hacerlo como en las novelas; pero después, para mi alivio, en poco tiempo, mejoré, según ella.
***
No sé como se enteraría mamá de las cosquillas y de la clase parti¬cular de besos que me daba la Nani. Mamá llegó gritando aquella tarde. La China, como le decía ella, se había sobrepasado, había abusado vilmente de un menor como yo, que le había faltado el respeto a ella y a la casa y que si no fuera porque pierde tiempo y dinero, la denunciaría y tantas otras cosas más que yo no entendía. Es entonces cuando oí la voz de la Nani decirle a mamá, que era una mujerzuela, ramera cualquiera, que no se merecía el cariño de un hijo como yo, que vivía solamente fingiendo y que al fin y al cabo, ambas eran iguales y que no iban a cambiar.
La Nani se iría esa misma noche sin despedirse de mí. Mamá me bañaría y me pondría mi pijama nuevo, me llevaría a la cama, y cuando saldría de mi habitación, dejando tras de sí la luz apagada e iría nuevamente a su trabajo benefactor de salva hombres, me daría cuenta, que ese miedo a la oscuridad que sentía desde mucho antes, había regresado.
Julio Rodríguez 2002
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Cortos de Animación
Uno de esos cortos que nos viene de Asia, inolvidable y bello. "Alarma"
Alarm es el trabajo de Moohyun Jang y Jungoo Choo, desde su pagina web http://www.mesai.co.kr/ ¡podéis ver algunos fotogramas de la producción de este corto y cómo se diseñaron los bocetos!
Alarm from Meteorix007 on Vimeo.
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Microrelatos
Máscara
Le digo que se marche, que no le quiero ver. Ella responde que ya se ha ido, que lo hizo ayer. Y por qué te veo, le pregunto, me pregunto. Por qué estás aquí. Ella se gira, me mira con desprecio, "tú me has llamado" me grita, ¿no lo recuerdas? Cómo, no lo recuerdo, cómo te llamas, cómo has entrado, por qué vistes así. Ella de su bolso saca una carta, la extiende furiosa y lo lee gritando. Al leerla me pregunto quién es él. Qué nombre tiene. Por qué me grita, por qué me mira así.
Cuando me despierto, ella aún sigue conmigo. Duerme con la cara a la pared. Miro entonces su desnudez, su espalda curva, sus brazos largos, su cabellera negra, sus bellas piernas, sus nalgas y entonces trato de ponerle cara a esa mujer. Si es bella o fea. Trato de recordar quién es, cómo la conocí. Entonces me siento, respiro hondo y cuando apunto estoy de decirle que se marche, ella se gira, me mira desconcertada y me dice casi como un reproche: soy D, tu mujer. Entonces, la recuerdo.
Se sienta junto a la ventana, la claridad del día le permitirá devorar el periódico. Saca sus gafas de su funda, rebufa sobre ellos y los limpia lentamente con su paño seco, se los coloca, mira fuera antes de arrancar su lectura por encima de ellas. La carretera vieja y polvorienta, el campo de fútbol sin futbolistas, la mujer que baja sola con su canasta, la vecina tendiendo sus frezadas y sus colchas, los pájaros, las nubes, el día caluroso de una tarde peruana. Entonces se pregunta de nuevo, qué mirará mi nieto desde su ventana.
Dormido
Ventana

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